Siento haber querido salir del ente albergando mi existencia para encontrar una vía hacía la existencia de otros lugares creados en la imaginación de seres ficticios rondando los muros del desquicio y la profanación racional.
Creí haber rozado el borde del camino hacia la lujuría expresiva, entintada con el luto de una moral muerta, de putrefacción interna, roída por odios propios y oidos profanos hastiados de envidias seducidas por el sollozo del impulso erótico entrampado en un vortex cuadriculado por una razón exprofesamente puesta al servicio de la demencia pacional.
Imaginé flotar entre almas desnudas prestas a saciarce en un estruendo orgíastico de autoconciencia entregada al placer ajeno.
Soñé ser algo real en la mente de alguna quimera.
Junio 24th, 2009
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Arturo Herrera Colmenero |
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aquella es el origen de nuestra existencia, la segunda el motor de nuestra subsistencia. Ambos nos dan vida y de esta somos responsables para florecer la dignidad humana. Sin esta última el paso por este planeta en alguna época entre el nacimiento y el deceso se limita a convertirnos en un capricho olvidado por el destino. Con él podemos pactar el rumbo por el cual andarán nuestros pasos, pero es, ha sido y será él quien nos provea de trampas y sorpresas; mas somos nosotros quienes decidimos donde poner el pie.
Junio 18th, 2009
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Arturo Herrera Colmenero |
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La cuenta de una semana posterior a la santa comienza con un cambio de fecha y planes posteriores son alterados y ajustados a la mejor manera posible en medio de las circunstancias rodeando; dicho sea aparte, las circunstancias directamente influyendo serán valoradas frontalmente. El primer día fue reservado para el deleite de quienes hayan sido incluidos en la lista de invitados. Por lo tanto el viaje se retrasó; porque uno no había sido incluido en la lista. Habría entonces una noche más para improvisar y apareció alguien con quien compartir la embriaguez de la palabra y las ideas mezcladas en coktailes humeantes. Y así pasaron las horas, sin uno darse cuenta. En algún punto del camino de regreso a casa, detras de las ramas enlarguecidas y peinadas con hojas lacias de un arbol, se asomó la luna para susurrar el llanto de una gota de alegria al rozar los zurcos de una mejilla color tierra agrietada. Ya en casa, los menesteres del viajero se hacen ineludibles. La planeación resultó sencilla. El objetivo sería visitar la feria de Arte Contemporaneo Zona MACO 2009 durante la semana de su duración, entre esos mismos días uno también visitaría a un pintor cuya procedencia y linaje será dejado de lado porque no es para nada relevante si apreciar el Arte continua siendo el tema de conversación de estas lineas. Así era el plan original. Conforme a lo ocurrido el primer día de acceso público a la Zona MACO fue el siguiente a su inauguración. La atmósfera parecía muy pintoresca, el público pudo comprar sus entradas justo a partir de la misma hora de apertura de la feria. Al interior, el clima se modificaba. El entoro blanco contrastaba con la alerta sanitaria declarada en el país ciudad, entendida hasta entonces como causada por unos porcinos voladores. El diseño cuadricular, más la inclusión de un bar entre dos galerias, al otro extremo de los baños y la zona Culinaria, semejaban el laberinto vial de la urbe. Bien podría uno creer estar en la Zona Blanca de Amsterdam, o de cualquier otra ciudad de mercados artísticos flamboyantes. Las galerías cedían su privacidad ante un extenso piso separado del techo por varias veces la altura de un piso habitual, delimitadas por el peso de paneles blancos, sin puertas, vitrina u obstáculo alguno para el transeunte. Algunas crearon recovecos, donde resguardaban del morbo sus piezas de valor, o bien algún otro uso de almacenamiento se les dio, según el gusto y preferencia de cada galerista. Irónicamente , uno no pudo constatar ninguna adquisición de ideas puras, todos los precios estaban irrestrictamente destinados a dotarle a uno con un objeto, aunque fuera horripilante. Justo y necesario es reconcer un mayor valor estético observado en piezas cuyo valor visual ameritaba la consideración del monto expresado en valor económico. Tampoco fue posible ver ninguna obra radiofónica, lo cual sería interesante como experimento interpretativo del Arte. La capacidad de ejecución de obra existe en un locutor al aire (aunque el programa sea grabado para posterior transmisión) quien finalmente propone un concepto en los oidos de los radioescuchas. El valor estético existe en una vibración sonora percibida, y por ende suceptible a ser juzgada, apreciada y valuada por un tercer individuo. Sin embargo, la voz humana, más alla de generar vibraciones audibles emite conceptos desarrollados en ideas agregando un valor intelegible a la obra, la improvisación y corrección ipso-facto son firma de autenticidad. También cuenta con un valor económico, lo cual ha sido demostrado plena y radiantemente por la industria de los medios de comunicación a nivel mundial, con lo cual podemos contar con un mayor grado de certeza con respecto a su aplicabilidad a la especie humana. Pareciera ser como si nadie ha tenido la precaución de anotar esta idea, seguramente ya repetida antes.
Mayo 20th, 2009
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Arturo Herrera Colmenero |
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Luzebrios:
Saludosle de nuevo. Tenemos un obsequio doble. El lunes fuí víctima de una intoxicación poéticamente angélica, de oníricas infusiones. Encontré un refugio para almas desorbitadas como las Luceñas. Se trata de un Café vestido en rojo donde las sillas se abren de brazos para llevar a sus jinetes en un nado sin fin por el cosmos de las líneas de un poema, leido tras otro y seguido de uno más precedido por otro.
Fue una noche similar a nuestras sesiones, lo mismo pero diferente. Los poemas se bebían a sorbos entre asombros. El público también bebía cerveza, incluido su Embajador pluripotenciado. Las luces cerraban los ojos y fluían las palabras. Todo leido en un mano a mano por sus autores; aqui la segunda diferencia. La primera radica en “un jalón.”
La sesión también abrió con notas musicales; los músicos tocarón sus instrumentos y una que otra canción durante 40 (cuarenta) minutos, todos (los bloques de sesenta segundos) contiguos; a esto se le conoce por estos lares como “aventárselo de un jalón,” con lo cual se refiere uno, y todos quienes lo dicen, a ejecutar un acto omitiendo interrupciones.
El receso fue breve, de apenas un lustro minutuario (aprox. 1 minuto por letra de Minotauro) tras la participación de los músicos. He aquí la tercer diferencia anotada en orden de reaparición en mi mente aun desperdigada.
El escenario carecía de Piano, cuarta diferencia. En su lugar, al centro, se colocó una mesa con dos sillas y sendos micrófonos. Ambos sitios fueron ocupados por dos poetas, uno por silla. Pero no eran sillas comunes y corrientes, sino equipales: en realidad no son sillas sino silloncitos fabricados en rústicas tiras de madera, acojinados y forrados en piel. El color es irrecordable, pero los hay de múltimples gamas y tonos. Rechinan muy bonito al estirarse uno para tomar algún objeto situado en la mesa al frente, único motivo por el cual uno llega a sentir deseo alguno para acometer contra el confort. A arrellanarse es la invitación. Los invitados tomaron posesión de su sitio y sirvieron tazas de poesía, el público las endulzaba con aplausos. El silencio vino, trayendo en su abrigo copos de imágenes, ideas y alucinaciones. Los meseros retiraban los platos sucios.
Transcurrió la noche y de nuevo el tiempo pasó. Y pasó lo que nunca se puede evitar, mejor conocido como inevitablemente ineludible: la lectura llegó a su fin. Pero antes de arribar tomó un café en el patio, y lo zorbió con lentitud, pidió postre y tardó en pedir la cuenta. También postergó pagarla. Nada reclamó. Esperó antes de levantarse, se estiró, se acomodó las ropas y encaminó sus pasos. Habiendo dado unos cuantos detuvo su camino ante una pintura, prosiguió. De nuevo paró la marcha ante un enorme espejo, se miró, se embelleció y acomodo la peluca, primero de un lado, luego de otro. Se admiró, volteó y reinició la marcha; en el salón contiguo se confundió, miró hacia un lado y luego hacia el otro. Se fue directo al fondo, entró al baño, algo ahí hizo, suspiró, lavó la longitud de sus falanges luego sus pómulos. Pasó por la puerta hasta llegar a la parte trasera del escenario, se detuvo, algo pensó, respiró y murmuró: ahora es cuando. Subió a escena.
Los organizadores, antes de liberar al público cautivo, obsequiaron, vía insaculación, algunas cuantas revistas literarias y algunas copias de los libros de los autores. La genté se alegró aún más.
Entonces sí partieron quienes tenían que partir. Pude platicar con los organizadores (Colectivo Cafeteros), intercambiamos simpatías y ánimos de colaboración. Coincidimos en el entusiasmo para diseñar un proyecto conjunto México-República Checa. En este punto no encontré diferencia alguna.
A Guadalupe Ángeles, la poeta invitada sentada al lado izquierdo del escenario visto desde el lado del público, apenas pude interceptarla para agradecerle las imágenes obsequiadas y verla partir. Algunos lo definen como un encuetro fugaz.
A Ángel Ortuño, el segundo poeta sentado contiguo a Ángeles al otro lado del escenario, también pude interceptarle. Nuestro encuentro fue más duradero, suficiente para hablarle de Luces de Bohemia en Praga, para invitarle. Apenas mencioné nuestro tema de diciembre, “Obséquianos tu texto,” detuvo la marcha del tiempo y se nego a obsequiarme un texto. En su lugar nos obsequió un libro entero; una compilación de tres obras poéticas encuadernadas en una verdadera pieza de arte. El libro es en si mismo un poema. El su papel se siente como piel, la suavidad de su encuadernación y aroma de sus tintas son irresistibles; lo leí esa misma noche. Aun no logro elegir lo mejor para la sesión decembrina, todos son magníficos. NOTA MARGINAL: la ilustración de la portada es de Avelino Sordo Vilchis a quien tuve oportunidad de conocer cierto día que fuí a pedirle no dejara de editar su Agenda de Desnudos, las cuales guardan mi andar durante algunos años. Desde entonces utilizo mi agenda desnuda.
Hablando de desnudos. El programa de mano entregado en la sesión muestra en su portada una virgen de hermosos senos y cabellos de ajedrez. Su mirada no parece muy angélical y el resto de su figura, cubierto por el manto cuadriculado, le lleva a Uno a imaginar la debilidad del entretejido emocional. Es una pintura de Rita Vega, una pintora joven de estos lares tapatios. Tapatio es el gentilicio para los oriundos de la perla tapatia, ciudad cuyo nombre oficial es Guadalajara, una joya mexicana. Su obra merece la pena y pena sería no poder llevarla a Praga.
Café con Letras tiene una página web: www.cafeconletras.rojocafe.com
Entonces, ¿Nos tomamos un cafecito para ver qué hacemos?
Un abrazo,
Art-O
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Noviembre 19th, 2008
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Arturo Herrera Colmenero |
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